Dictador acorralado: Lukashenko moviliza al ejército ante la ofensiva diplomática occidental

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El presidente de Bielorrusia, Alexánder Lukashenko, sigue aumentando la apuesta para quedarse en el poder mientras la oposición mantiene las protestas y los países occidentales dirigen su actividad diplomática hacia Moscú para que influya en Minsk y facilite el camino a una transición política en la pequeña ex república soviética. El ejército bielorruso se ha desplegado en el oeste del país en respuesta a las declaraciones de gobiernos extranjeros, advirtió ayer Lukashenko.

 

La UE y los principales países de la comunidad internacional han mostrado su apoyo a los manifestantes que, por segunda semana tras las elecciones presidenciales del 9 de agosto, piden un cambio de régimen.

 

El teléfono del Kremlin estuvo ayer muy activo. Por esa vía se pusieron en contacto con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, varios dirigentes europeos. La canciller alemana, Angela Merkel; el presidente francés, Emmanuel Macron, o el presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, le pidieron que ejerza presión sobre Lukashenko y favorezca el diálogo con la oposición.

 

Eso permitiría abordar la posibilidad de una transición en Bielorrusia, que es lo que ha pedido Svetlana Tijanóvskaya, una exprofesora de inglés de 37 años que ha aglutinado a la oposición bielorrusa y a la que el régimen sólo concedió el 10% de los votos en las elecciones.

 

Como ha sido habitual desde que llegó al poder en 1994, Lukashenko habría arrasado con más del 80% de los votos. Decenas de miles de personas le han dicho en la calle y a la cara que ya está bien, que es un fraude electoral. El domingo, unas 200.000 personas, según los medios locales, exigieron en el centro de Minsk el fin de Lukashenko, de 65 años, nuevas elecciones y la liberación de presos políticos y los detenidos que estos días todavía estén en los calabozos. Durante la represión de la policía de la semana pasada, esta arrestó a casi 7.000 personas. En los disturbios hubo dos fallecidos.

 

Emmanuel Macron pidió a Putin que “favorezca la calma y el diálogo” en Bielorrusia, mientras que Angela Merkel dijo que Minsk debe “renunciar a la violencia” y hablar con la oposición.

 

Putin es el socio natural de Lukashenko, aunque el sibilino líder bielorruso ha jugado al ratón y al gato con Moscú en demasiadas ocasiones. Quiere seguir recibiendo energía rusa a precios subvencionados, pero se niega a aumentar la integración entre ambos países, y eso le ha restado apoyos en la capital rusa.

 

Con ese retrato, el Kremlin no parece dispuesto a adoptar una posición de fuerza para defender a Lukashenko, sobre todo cuando las manifestaciones no tienen un sentimiento antirruso. Pero tampoco quiere que Bielorrusia, un país de 9,5 millones de habitantes y entre Rusia y la UE, caiga bajo la influencia de los países occidentales.

 

Putin advirtió tanto a Merkel como a Macron contra “todo intento de injerencia extranjera” en Bielorrusia. Eso provocaría “un aumento de la crisis” en el país vecino, dijo Putin a Merkel, según un comunicado del Kremlin. Ambos líderes mostraron su esperanza de una rápida normalización de la situación.

 

En un discurso televisado, Alexánder Lukashenko señaló ayer a declaraciones “de gobiernos extranjeros” para justificar el despliegue militar en el oeste del país. Según él, las unidades del ejército están en alerta, dispuestas para cumplir con sus obligaciones.

 

Bielorrusia será hoy miércoles tema de discusión en una cumbre extraordinaria por videoconferencia de los líderes de la UE, que prepara sanciones contra destacados funcionarios del régimen.

 

Con Información de www.lavanguardia.com/

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