Removiendo la montaña: Por Arnaldo García Pérez

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“Un anciano de unos noventa años, vivía frente a dos enormes montañas. Sus vecinos le conocían como ‘El viejo tonto’. Cada vez que tenía que acercarse al pueblo para comprar, tenía que rodearlas. Cansado de tanto esfuerzo, reunió a toda su familia y dijo: – Estoy cansado de tener que rodear las montañas para acercarme al pueblo. Pero tengo la solución: entre todos, conseguiremos remover las montañas y cuando lo logremos, trazaremos un camino en línea recta. A sus hijos y a sus nietos les pareció una buena idea, pero su mujer no estaba convencida: – Pero… ¿cómo vais a deshaceros de las montañas? ¡Eso es imposible! ¿Qué haréis con las piedras y la arena? – Las tiraremos al mar- respondió el anciano. Así que todos se pusieron a trabajar, tanto los niños como los mayores. Hasta el hijo pequeño de su vecina quiso colaborar. Cada uno llevaba cestos que llenaba de arena y piedras y los llevaban hasta el mar. Al cabo de unos meses, se acercó hasta allí un vecino del lugar, al que conocían como ‘El sabio’. El hombre se rió e intentó disuadirles: – ¡Basta ya! ¡Qué ridiculez! ¿Cómo vais a remover esas dos montañas si no eres capaz, Viejo Tonto, ¿de arrancar ni un manojo de hierbas? Deberíais dar media vuelta… Ya tienes noventa años, no podrás librarte de esas montañas antes de morir. – En verdad usted no es sabio… más bien, bastante torpe, y con menos intuición que el hijo de mi vecina, que aquí está ayudando. Cuando yo muera, seguirán con este trabajo mis hijos, y los hijos de mis hijos, y después lo harán sus hijos… Si las montañas no crecen, ¿por qué no vamos a ser capaces de acabar con ellas? Entonces, el Sabio no tuvo nada que responder”.

No hay nada imposible en esta vida. Lo único seguro en ella es nuestra muerte, pero hasta que esta llegue, tenemos la capacidad de soñar y trabajar para hacer realidad esos sueños, o por lo menos, ocuparnos de ellos para intentar alcanzarlos. No todos alcanzamos la meta anhelada, sin embargo, el esfuerzo por trabajar en ella nos produce tanto o más satisfacción que el haberla alcanzado.

Vivimos en un mundo cada vez más dinámico y veloz, y esperamos que nuestros resultados vengan de la misma manera, sin embargo, muchas veces existen factores externos que limitan o retrasan esas respuestas anheladas. Esto puede llevarnos a la desesperación y la desesperanza, siendo menester de cada uno recurrir a dos virtudes que todos poseemos y nos pueden ayudar a alcanzar el éxito: La paciencia y la perseverancia.

La paciencia nos ubica en el aquí y el ahora, dejándonos conocer nuestras realidades y las verdaderas oportunidades de cambiarlas. “Es la actitud que lleva al ser humano a poder soportar contratiempos y dificultades para conseguir algún bien. Paciencia es una virtud consistente en soportar con resignación infortunios, trabajos, ofensas, etcétera, sin lamentarse”. (Wikipedia)

Por su parte la perseverancia nos invita a mantenernos firmes en nuestros propósitos independientemente de que las circunstancias sean adversas. Es esa fuerza interior que, combinada con la paciencia, nos ayuda a no desmayar en el objetivo, con la certeza en su alcance.

Todos estamos en esa lucha permanente. A nivel individual, por nuestras metas personales y familiares. A nivel social, por los cambios necesarios que nos hagan una mejor colectividad. No abandonemos jamás nuestros sueños. Podemos tener momentos de retraso, pero manteniéndonos unidos, avanzaremos y lograremos nuestros objetivos.

Todos a mover esa montaña.

Saludos

Arnaldo García Pérez

@arnaldogarciap

www.arnaldogarciap.blogspot.com

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