Volverá el pueblo a poner los muerto por Rafael Rodríguez Olmos

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Cuando uno ve las impresionantes marchan que se produjeron en Bolivia antes del triunfo del MAS; y las que se producen en este momento en Chile, Colombia y Ecuador en menor proporción, hay un salto en el corazón por la emoción. Es como si estuviera cantando en la UCV “de pie, marchad, que vamos a triunfar/ Será mejor la vida que vendrá…” En la universidad donde tantos palos llevé, por quemar cauchos, autobuses y apedrear a policías. Son marchas multitudinarias, tan gigantescas como las que se produjeran en el Chile de Allende, o en la Colombia de la Unión Patriótica.

Pero como marxista al fin, tengo que dejar esa emoción a un lado y utilizar la dialéctica para meterme en honduras, y adosarlo con un poquito de materialismo histórico. Chávez solía decir “deseos no empreñan” que es un dicho muy venezolano. Creo que debemos empezar por el principio para tratar de entender las razones por las que el enemigo impedirá, a toda costa, el triunfo de cualquier proceso político que huela a revolución en el continente.

Después de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas armadas de estos países se construyeron, al calco, emulando a las gringas o a las europeas. Una vez formada esa oficialidad, se terminaba de amoldar en la escuela de Las Américas, ubicada en Panamá. Es la explicación de su comportamiento asesino, sádico e inhumano durante la lucha armada de los sesenta. Es la explicación de su predilección por los Golpes de Estado y sus aspiraciones a dictadores, que fueron terribles hasta bien largos los ochenta en toda Latinoamérica.

Estas fuerzas armadas tenían un denominador común: los soldados son del pueblo, pobres y sin esperanzas. La oficialidad es de extracción social de clase pequeñoburguesa, adiestrada, enfermiza, racista, con tendencia sicopática y terriblemente sanguinaria.

De todos esos ejércitos, solo el venezolano se hizo diferente, pero no porque tuviera una formación distinta, sino porque fue implosionado luego de la dictadura de Marco Pérez Jiménez (1948-1958). Es algo que le debemos a Rómulo Betancourt, quien, viendo en perspectiva el crecimiento de la democracia representativa, entendió que se necesitaba una fuerza armada de formación social mucho más pueblerina. Era menester eliminar el elitismo en el uniforme. Parece mentira que hasta bien largo los 80, era difícil encontrar un oficial negro en la Armada venezolana, mucho menos un alto oficial. De esa fuerza armada viene, quien a su vez procedía de una clase media funcionaria, trabajadora, pequeños comerciantes, y con un agregado como fue la inclusión de la mujer a los quehaceres del país, de los sesenta en adelante. Esa oficialidad menesterosa, criada en hogares con muchas necesidades, carencias y problemas, es la que controla el poder de las armas en la Venezuela de hoy día. Por ello no es fascista como las demás. Tampoco creo que sea revolucionaria, pero si más avanzada en su visión.

Creo que el MAS no se planteó penetrar a las fuerzas armadas bolivianas durante 14 años de mandato y fue uno de sus más graves errores. Solo basta ver su comportamiento rastrero y vendido durante la destitución de Evo. Y eso es lo primero que debe hacer Arce ahora, ordenar que los jóvenes cholos vayan a las escuelas de oficiales, para que en 15 o 20 años sean quienes controlen a las tropas.

Objetivamente yo no soy optimista, a pesar del aplastante triunfo de Arce y las fuerzas populares bolivianas. Y por las primeras declaraciones de Arce en torno a su mandato, soy menos optimista aun.

La razón es simple. Hay contradicciones de clase. Y las contradicciones de clase, son antagónicas, no son reconciliables. No importa lo que se crea. Los varones de las provincias del norte, jamás conciliarán con un “montón de indios hediondos e ignorantes” como dijera un empresario de Santa Cruz.

Hace apenas dos años, cuando el avance del gobierno de Evo Morales, en materia de reducción de la pobreza, del analfabetismo, la producción, el crecimiento del PIB, evidenciaba la acción no solo de un muy buen gobierno, sino el camino rápido y sostenido hacia el socialismo; y era el primer país del continente que avanzaba hacia allá. Cuando las trasnacionales de los vehículos vieron que de una fabrica boliviana, con trabajadores bolivianos, con tecnología propia combinada, había fabricado un carro completo, alimentado con litio, apresuraron el Golpe de Estado, que se tradujo en el desconocimiento de los resultados electorales y la solicitud de renuncia a Evo.

Eso indica que las fuerzas de la derecha en Bolivia deben ser golpeadas duramente, antes de que comiencen a respirar de nuevo, porque si el MAS permite que se reagrupen, entonces serán un dolor de cabeza. Además, Arce debe descabezar a las fuerzas armadas y desmantelar a la policía.

Chávez fue el único que entendió que, para cambiar las cosas en un país, había que cambiar a las fuerzas armadas. Y porque él venía de allí, lo logró hacer. Y Venezuela es el único caso en la región.

El caso Bolivia no es distinto al resto de los países del continente. Con unas fuerzas armadas fascistas de formación y un imperio apoyando la barbarie, no son muchas las esperanzas. Allende, Ecuador y el mismo Bolivia, son ejemplos de ello.

Arce y el MAS tienen un camino muy difícil que recorrer. Y es necesario que vengan con estrategias muy concretas que les permitan avanzar en muy corto tiempo, a fin de que la consolidación sea en menos de un lustro. De lo contrario, nuevamente el pueblo pondrá los muertos.

Caminito de hormigas…

Pregunta: que exfuncionario fue despedido de una empresa en Carabobo por ladrón, y luego el Estado le vendió la mayoría de las acciones de la misma empresa. Es decir, que la pagó con los reales que se robó.

 

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