Compartir esperanza por Arnaldo García Pérez

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Una historia nos cuenta que en la ladera de una montaña había una fuente conocida por todos como la fuente de la Esperanza. Todo aquel que estaba deprimido o desanimado por alguna dificultad, bastara con que bebiera un poco de aquella agua para llenarse de esperanza y tener fuerzas para superar su dificultad por imposible que pareciera.

Pero un día la fuente se secó y ya no pudieron beber su agua. Esto fue catastrófico. El desánimo y la desesperanza se apoderó de todos. Dejaron de estar alegres y se volvieron terriblemente pesimistas.
Sólo hubo un niño que no perdió la Esperanza. Todas las mañanas acudía a la fuente esperando que volviera a caer el agua. Todos los días, semana tras semana, no dejó de ir a la fuente. Una mañana de tantas, cuando todo parecía perdido, el niño vio con sorpresa que de la fuente iba a caer una gota de agua. Era la última gota de esperanza que quedaba. A toda prisa puso su mano para recogerla y se fue entusiasmado a enseñársela a todos. Pero nadie le hizo caso. Le dijeron que la tirara donde quisiera porque ya no había nada que hacer. La esperanza estaba perdida sin remedio. El pobre niño se marchó muy triste y desanimado. Así que fue al pozo de donde bebían todos y tiró allí su gota de agua. Sin embargo, aquella gota de agua tenía la Esperanza tan concentrada en su interior, que cuando se mezcló con el agua del pozo, hizo que todo el que bebiera se contagiara de esperanza. Al día siguiente, cuando todos bebieron de aquella agua, quedaron nuevamente llenos de esperanza…

Estamos viviendo el período más oscuro de nuestra historia. No existe en nuestro recuerdo a mediana o larga data una etapa tan negativa como la actual. Todos, sin importar la clase social, vivimos en una constante zozobra que nos lleva en una sensación de caída libre y sin control que solo nos hace esperar el duro golpe contra el piso que nos hará desfallecer. Tristeza, desconsuelo, angustia, desesperanza son nuestras emociones cotidianas. Pareciera que todo está perdido, o eso es lo que pretenden hacernos pensar.

No podemos negar nuestras realidades y que debemos armarnos de coraje para sobrellevar esta situación. Pero esto tendrá que acabar y allí será nuestro momento. Debemos ya pensar en lo duro que será rescatar nuestros elementos más básicos para retomar el camino. Una vez terminada la pesadilla, nos tocará trabajar mucho más rigurosos para recomenzar. Pero tenemos una enorme ventaja competitiva, somos gente valiosa y de principios, con excelentes capacidades intelectuales y una enorme creatividad que nos ayudará a desarrollar mejores opciones de futuro. No volveremos a ser el país de antes, ni debemos tener eso como meta. Debemos proyectarnos en ser un país diferente, que aprenda de sus errores y que con una pasión innegable se dedique a responder a las miserias de los más necesitados, sin politiquería y demagogia. Solo con un sentimiento genuino que nos lleve a ser ese país que todos soñamos.

Todos los días nos tropezamos con el niño del cuento y su Esperanza de futuro, en la cara de todos los optimistas y convencidos que avizoran un país mejor. Muchos llevan en sus manos esas últimas gotas de ESPERANZA con la ferviente ilusión de esparcirlas entre nosotros para rescatar nuestro mañana y porvenir. No podemos perder la Fe. Debemos combatir la desesperanza con optimismo y alegría. Vivamos en la firme creencia de que saldremos adelante.

Que DIOS nos regale sus BENDICIONES para crear entre todos un nuevo país.

Saludos

 

Arnaldo García Pérez

@arnaldogarciap

arnaldogarciap.blogspot.com 

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