Migrantes y telecomunicaciones por Padre Francesco Bortignon y Fernando Tirro

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Vivimos en una sociedad de ruidos, de distancias y de descarte: el otro es masa, es nadie. Esto lo advertimos todos en el contexto de esta pandemia que nos obliga a tener distancia hasta entre padres, hijos, hermanos, y abuelos.

De pronto descubrimos el vacío de la distancia.

Ahora, imagínese los que significa la distancia física de meses, la ausencia de mirada, de voz, de sonrisa, causada por la migración. Allí es cuando llegamos a valorar el teléfono o internet como un ancla que nos permite acercar las distancias, llenando, aunque sea parcialmente el vacío del silencio y la necesidad de transmitir nuestras emociones.

Una de las críticas que yo escuchaba en Italia, donde abundan los migrantes asiáticos y africanos, era el comentario de que el migrante busca limosna mientras carga un costoso celular. Obvio, yo le respondía, tú a la media hora estás en tu casa, y dialogas, comentas y compartes con los tuyos. Esa gente migrante ¿con quién habla? ¿No tendrán derecho de hablar con sus padres, sus hijos o sus esposas?

En la Casa del migrante en Cúcuta logramos colocar un servicio de teléfono con Venezuela, gratis, y a los “caminantes”, la Cruz Roja Internacional le brindaba una Sim Card, aunque con uso a tiempo limitado.

La potencia de las emociones la encontramos en ambos lados, en quien se ha ido y en quien se ha quedado. A diario encuentro mayores que aguantan el llanto, contándome la tristeza de su soledad, desde que sus hijos y nietos se han salido del País y los han dejado solos. Hace unos días, visitando a un par de ancianos, me comentaban como aguantaban la escasez de agua y gas, pero lo más pesado y terrible era la tristeza y la ansiedad cuando la falta de electricidad e internet no les permitía comunicarse con sus hijos. Bueno, y esta misma ansiedad la viven los hijos o los esposos, cuando migrantes no encuentran la forma de comunicarse con sus seres queridos.

Sin embargo, hay quienes el dolor y la tristeza lleven a la amargura del rechazo de la misma tierra donde naciste. El Beato Scalabrini decía que “Patria es la tierra que te da el pan”. Cuando el País que te vio nacer no es capaz de darte el pan, en cierta manera lo rechaza; pero no solo de pan se vive, hay una red de historia vivida, recuerdos, afectos, sentimientos… Además, temprano o tarde necesita de papeles, documentos, contactos. El corte , además de ser doloroso, es muy difícil.

 

Si ustedes han tenido alguna necesidad de información, acérquese: en la Parroquia de San Antonio del Prebo tenemos una “Oficina de Orientación y Movilidad Humana”. Allí en nuestro Centro Scalabrini, ofrecemos orientación a nivel psicológico, legal y hasta espiritual, a personas interesadas en el tema de migración y a sus familiares.

Nuestra ventaja, como misioneros scalabrinianos está en la facilidad de comunicación con varias misiones que tenemos en Colombia, Ecuador, Chile, Perú, Brasil. Además, tenemos ciertos contactos con entidades internacionales como CICR, ACNUR, OIM, SJR que resultan muy útiles, especialmente en casos de emergencia.

Pueden comunicarse directamente al centro Scalabrini y agendar su cita al 0241-6184962 o escribirnos al correo: movilidadhumana.mls@gmail.com y estaremos dispuestos a darles una mano, orientarlos o hasta simplemente escucharlos.

“MIGRANTES: HOY COMO AYER”

Padre Francesco Bortignon                                                  Fernando Tirro

Misionero de San Carlos                                                       Movimiento Laico Scalabriniano

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