Combustible para el alma: por Arnaldo García Pérez

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Cuentan que hace mucho tiempo existió en tierras árabes un rico marajá. Vivía en un palacio de oro y tenía todos los lujos que quería a su disposición. Sin embargo, siempre tenía la sensación de que le faltaba algo. Un día recibió la visita de un sabio que le habló de la existencia de un hermoso pájaro de alas azules capaz de otorgar la felicidad. Al marajá se le encendieron los ojos: -Es justo lo que estaba buscando- exclamó emocionado. No lo pensó dos veces. Vendió todo, abandonó su palacio y partió en búsqueda de aquel pájaro. Sin embargo, y a pesar de recorrer cientos de reinos, después de muchos años buscando, sin encontrar el ave, decidió volver a su hogar, cansado y ya anciano. Entonces pasó junto al que fue su palacio y los nuevos propietarios, que eran muy caritativos al verlo en ese estado, le ofrecieron hospedaje. Le prepararon una cama en el sótano, donde el marajá dejó caerse muy agradecido. Sabía que su vida llegaba a su fin y tenía un gran dolor por no haber encontrado al pájaro azul. Cerró los ojos en su descanso final, cuando escuchó un dulce trinar, y a pesar del cansancio, consiguió abrir los ojos de nuevo. Allí, en el sótano, junto a él, cantaba un hermoso pájaro de plumas azules. Estaba más cerca de lo que imaginaba. El marajá sonrió y al fin pudo descansar.

Pasamos la vida buscando lo que no se nos ha perdido. Desde pequeños estamos inmersos en una falsa creencia que nos obliga a trabajar muy duro para alcanzar el mayor premio de nuestra existencia: la felicidad y el bienestar. Nos educan bajo una premisa de que “hay que trabajar duro para alcanzar las metas y entonces y solo entonces, serás feliz”.

Desde el cataplum de los años, el tema de la felicidad ha estado en la palestra de los famosos pensadores. Aristóteles decía: “la felicidad no es un medio sino un fin supremo, ya que todos la buscamos”. Ser feliz hace que se produzcan más cosas buenas en la vida de una persona, porque la felicidad hace que las personas obtengan resultados más positivos en todas las áreas de su vida y tengan también relaciones más satisfactorias. La felicidad trae más felicidad.

De acuerdo con Martin Seligman, creador de la psicología positiva, el bienestar y la felicidad forman un binomio inseparable. Por lo tanto, cuando aumenta este sentido de bienestar subjetivo, la persona se vuelve más creativa y su personalidad refleja una actitud rozagante. Esta actitud se ve incrementada cuando la persona mantiene sanas y productivas relaciones interpersonales. La amistad es para la felicidad el combustible necesario.

El que tiene un amigo tiene un tesoro, porque la amistad es una enorme fuente de felicidad, probablemente la mejor. A través de la amistad estás en capacidad de explorar las emociones más puras del ser humano, convirtiéndolas en nexos perdurables a las distancias. La amistad da equilibrio a nuestras vidas y nos permite establecer relaciones de contribución y gratitud. Al reconocer con honestidad las bondades de nuestros amigos, estamos ejerciendo la práctica más hermosa de la humildad. A través de la amistad somos mejores seres humanos y alcanzamos una porción de nuestra felicidad.

La amistad es también amor en su más profunda intención. Agradezco a todos aquellos que son mis amigos por estar allí. Sin importar las fronteras, ahora que todos estamos desparramados por el mundo, sabemos que estamos y consolidamos ese sentimiento hermoso que nos da felicidad y bienestar con tan solo un pensamiento.

Feliz día de la amistad para todos y que Dios nos siga bendiciendo con esa compañía.

Saludos

Arnaldo García Pérez

@arnaldogarciap

www.arnaldogarciap.blogspot.com

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