Nuestra pequeña gota por Arnaldo García Pérez

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“Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos años, un gran incendio asoló las selvas tropicales de Centroamérica. Los animales huían despavoridos lejos de las llamas. El crepitar del fuego se unía al golpe sordo de las ramas cayendo contra el suelo. Resultó entonces que, en medio de este caos, un bello pajarillo sobrevoló la selva en dirección contraria al resto de los animales. El ave, pequeñísima y de alas turquesas, batía sus alas a toda prisa y directa al corazón del fuego. Un jaguar, que huía del peligro, miró con extrañeza a ese colibrí que volaba hacia el mismísimo peligro. Su sorpresa fue mayúscula al ver que el pajarillo regresaba de vuelta hasta una pequeña charca, donde recogió con su pico una gotita de agua. El temible felino rugió para llamar la atención del colibrí y éste, sin dejar de batir sus alas a toda velocidad, se posó sobre la nariz del jaguar. El majestuoso animal le preguntó asustado: -“¿Amigo colibrí, qué haces? ¿Por qué te metes en la boca del lobo y no huyes del fuego como todos nosotros?”. El pajarillo levantó con orgullo su pequeño pico y le respondió: – “Estoy llevando agua de la charca hasta el fuego para apagar el terrible incendio que asola nuestra selva”. La fiera, entre boquiabierta y avergonzada, le replicó: “¡Pero eres un animal muy pequeño, jamás podrás acabar tú solo con un incendio tan grande! El colibrí miró directamente a los grandes ojos del jaguar y le contestó sin un atisbo de temor: -“Sé que soy pequeño, pero ésta es mi casa y estoy haciendo mi parte”. El colibrí levantó entonces el vuelo y, entre altas llamaradas y nubes de humo gris, se internó con la gotita de agua en el pico.

Desde la aparición de la pandemia, la humanidad, o parte de ella, ha entrado en una profunda reflexión sobre nuestra relación con el medio ambiente y la naturaleza. No pocas fueron las demostraciones de recuperación de hábitats en medio de nuestro aislamiento. Muchos animales reconquistaron terrenos tomados por el hombre y algunos se atrevieron a multiplicar sus especies como símbolo inequívoco de sus deseos de perdurar en el tiempo. Hasta el cielo se enterneció y se cerraron los agujeros de ozono que molestaban sobre la Antártida. El medio ambiente y los recursos naturales nos han brindado una lección que debe ser inolvidable para la permanencia del hombre en la tierra. Debemos trabajar en armonía con ella.

Es indudable que necesitamos de los recursos naturales para sobrevivir. Desde que el hombre se hizo sedentario y comenzó a cultivar, comenzó a trabajar bajo un círculo más equilibrado entre su consumo animal y vegetal. Pero nuestro crecimiento desmedido y acelerado nos ha llevado al borde del abismo. Sin pensar en consecuencias de largo alcance, la deforestación, el uso de elementos químicos, y de impurezas en el aire, así como el consumo desmedido de recursos, auguran un desenlace nada alentador para las futuras generaciones. Pareciera que nuestro egoísmo es tal, que, sin importar las expectativas de sobrevivencia de nuestros herederos, queremos acabar con el botín más valioso que poseemos: la vida.

Necesitamos despertar conciencia individual y colectiva. Es la hora de mejorar nuestra relación con la naturaleza a través de simples y sencillas prácticas. No importa el rincón donde nos toque habitar, todos podemos generar efectos positivos en este cambio. Se hace necesario comenzar prácticas caseras y cotidianas de manejo de residuos, reciclaje y reutilización. Hay que frenar el consumo desmedido y aprender a valorar nuestros activos y darle el uso vital que poseen, a través del cuidado adecuado, las reparaciones y el manejo óptimo de ellos.

De nada sirve que algunas naciones combatan la contaminación y el uso indiscriminado de recursos y planteen objetivos sostenibles si, nosotros, todos, no participamos. No es un pedacito de planeta, es todo el planeta que debe ser preservado.

Hagamos como el colibrí y pongamos nuestra pequeña gota.

Saludos

Arnaldo García Pérez

@arnaldogarciap

www.arnaldogarciap.blogspot.com

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