Cuando se hace buena política por: Iván López Caudeiron

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Uno de los factores que desencadena en la inconformidad con los partidos políticos es el descontento con las formas habituales de hacer política. La práctica política se ha mostrado incapaz de producir el sentido del orden democrático. Las organizaciones partidarias son cada vez más burocratizadas y alejadas de la sociedad y su núcleo primario que es la ciudadanía. Esto conduce a que la sociedad se enfrente a ciertas dificultades de arraigo con las organizaciones políticas y sus actores, los políticos. Todo sería muy diferente si se hicieran mejor las cosas. Revisemos un poco todo lo positivo que serían las cosas, como CUANDO SE HACE BUENA POLÍTICA.

Ser un BUEN político

Son muchas las virtudes que se esperan de un buen político. Quien se dedica a la política debe ser una persona creíble y para ello debe estar dispuesto al escrutinio público de su vida. Sería muy contradictorio que tuviera un discurso en el ámbito de político y otro, con los hechos, en la vida privada. Al hombre y la mujer que se dedica a la política se les exige virtudes superiores porque con su actuar rige el destino de muchas personas.Debe tener una mirada de conjunto de la sociedad de tal manera de no dejarse llevar por la urgencia, o bien por la conveniencia política de cara a la mera obtención de votos. Ello exige convicciones profundas y bien arraigadas, que se defienden incluso en contra de su propio beneficio. Es decir, se le exige coherencia.

Por otro lado, quien se dedica a la política debe tener y vivir principios políticos fundamentales para poder ejercer su cargo de buena manera.La cortesía, un lenguaje adecuado, amplios conocimientos de la materia que se está tratando, saber escuchar, saber encontrarle la razón incluso al contrincante político, así como nunca usar la fuerza ni atentar contra la buena fama de otros, son valores que han de estar siempre presentes, pues constituyen la base desde la cual se puede ejercer el derecho a opinar, disentir y actuar en consecuencia.

Un buen político no debe ser fantástico ni fanático, sino tener talento político, una mezcla de espíritu de justicia y sentido estratégico. Alguien con unos cuantos principios y contención moral para no encandilarse con ilusiones cegadoras, pero que demuestra agudeza, sentido de la anticipación y adaptabilidad. La inteligencia política se templa bregando con las tensiones insuperables de la política y sabiendo operar en un campo de recursos escasos y opciones limitadas.El buen político necesita información solvente. La complejidad va más allá de la retórica simplista y empuja a asesorarse por expertos imparciales. No para suplir ni para confirmar las decisiones del político, sino para reconocer los riesgos y evitar caminos vedados por el conocimiento. También debe tratar de ser eficiente. Procura una relación consistente entre la decisión de realizar un propósito plausible y los medios para alcanzarlo. Nunca se propone objetivos para los que no dispone de medios adecuados. El buen político no teme innovar. Pero innova para recuperar o preservar lo esencial del modelo, los componentes y funciones que dan valor a las propiedades distintivas de su proyecto. Por eso no desprecia la experiencia. También se debe ser decidido. Frente al irresoluto y el pusilánime, demuestra carácter. Desafía la fatalidad con optimismo de la voluntad. Sabe también que optar es a menudo un drama; que conlleva costes y pérdidas o tener que decir a los seguidores: ¡basta ya! o ¡hasta aquí he llegado! El buen político tenderá a ser prudente. Ejercerá en lo concreto, consciente de que aplicar criterios de justicia en lo particular no disuelve los conflictos, sino que a lo sumo los atenúa con arreglos a medias y logros con fecha de caducidad.

Un político no debe ser ni cruel ni cínico, pero sí astuto. Ante la malicia que asoma en las relaciones humanas, el político necesita cautela y sagacidad. Está obligado a dominar la espontaneidad, demostrar cierto cálculo; a no dar un paso sin decidir previamente dónde quiere poner el pie. La astucia no implica faltar a la verdad, sino contarla cuando procede; no engañar, pero no ser engañado.

Una NUEVA forma de hacer política

Lo que está ocurriendo en Venezuela es asombroso. En su mayoría todos los que creemos que el gobierno de Maduro no es el que se merece nuestro gran país, nos volvimos unos “Platón de café con leche”. El debate de los últimos meses sobre cómo salir de Maduro ha sido estéril en su esencia, pues ha complicado lo que perfectamente está definido. Digámoslo bien claro: de un gobierno nos libramos por un alzamiento militar (que es un atajo y forma inadecuada al final) o por una gran movilización política que culmine en un proceso electoral, así de simple. No hay milagros ni formulas mágicas en políticas; hay que esforzarse racionalmente, escoger las vías eficaces, y no confundir palabrería con política. Para ello, invariablemente se necesita de organizarse, llevar una propuesta, un líder que la diga y dirija, y, sobre todo, se necesita UNA NUEVA FORMA DE HACER POLITICA para derrotar a Maduro en los años que vienen. Un buen comienzo para iniciar una correcta ruta en ese objetivo, será votar masivamente en este 2021 cuando nos toque escoger Gobernadores, Alcaldes, Legisladores regionales y Concejales. Organicémonos, construyamos una unidad en el mensaje y las candidaturas para todos los cargos que se elegirán. De ser así, comenzaremos una etapa decisiva en los cambios que añoramos la mayoría de los venezolanos.

Post Scritump: La mediocridad y el profesionalismo LIMITADO de algunos, evidencian las carencias que sufrimos como sociedad. Hay que seguir la marcha… Los perros ladran… Vamos por buen camino. #Pareceres #SerÚtilEsLaMejorPolítica.

 

 

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