Y la medalla es para … por Gonzalo Martín

Lo que ellos piensan... Noticias

Sabemos que realmente la única manera que obtengan tanto Chávez como Maduro una medalla en alguna competencia deportiva es que se las regalen o ellos se las compren. O sea, igual con los títulos honoríficos universitarios que les dan.

En donde si se la ganaron fue en la competencia de odio. Batieron récord universal en la categoría de destrozar la convivencia del venezolano.

Escribo estas líneas con mucho dolor ya que tanto discurso divisionista, tanto odio manifestado de voz y hechos, logró convertirnos en algo que jamás fuimos.

El odio inoculado en la sociedad venezolana desde los tiempos que Hugo Chávez destilaba intolerancia y resentimiento, fue cultivando ese sentimiento de rechazo por todo aquello que a él no le pareciera; así pues, en el comportamiento político y social del venezolano logró su cometido.

En Venezuela se instaló la cultura de la intolerancia y del odio. A partes iguales.

El mismo discurso de resentimiento lo copió el heredero, y así ha seguido atizando las divisiones sociales en Venezuela, es que utilizar algo llamado “lucha de clases” y llevarlo al plano extremo de insultos y represión sembró una división social que si no corregimos ahora, aún saliendo del chavismo, nos hará un país de ciudadanos enfrentados, intolerantes y al final… resentidos.

La semana pasada hubo el último (hasta ahora) episodio de intolerancia.

¿Escenario? Los JJOO:

El boxeador venezolano Eldric Sella, representándose a sí mismo en la delegación de refugiados cae por knockout y con extraordinaria humildad y dignidad pidió disculpas a Venezuela. (¡Gracias Eldric por tu esfuerzo, como deportista y persona vales ese oro!)

Las asqueantes burlas de algunos funcionarios chavistas no se hicieron esperar.

La muy triste declaración de Arreaza sobre el estatus de Sella en su condición de refugiado dio lastima.

Luego, el levantador de pesas venezolano Julio Mayora levanta la medalla de plata, en su primera declaración en medio de su euforia agradece el apoyo de toda Venezuela sin distingo y sin mención política alguna. Minutos más tarde, acompañado del funcionario chavista Mervin Maldonado este hizo una llamada para que Maduro le felicitara, Maldonado sirvió de “apuntador” y libretista en esa conversación y ya sin la misma felicidad anterior Mayora hizo referencias políticas. La madre del joven medallista vive en Venezuela en condiciones precarias, luego en otra conversación familiar, Mayora le dice a su madre que cambiará la medalla por una casita digna.

La jauría irracional opositora le cayó con todo, escupiendo odio.

¡Qué asco!

Los que no “patean calle” no conocen la realidad de los humildes deportistas venezolanos y sus necesidades. Sus sueños son tener éxito en sus disciplinas y con eso ayudar, principalmente, a sus familias.

El chavismo nos vendió la rabia como mecanismo de división y muchos se la compraron.

Gente que uno cree inteligente por tener relevancia en el mundo cultural, político, periodístico reaccionó de manera inmediata a través de las RRSS con tristes comentarios fanatizados.

Es que, definitivamente el fanatismo embrutece. Solo algunos pocos rectificaron, bien por ellos.

Hoy, entre los venezolanos aquel que no piense igual a otro es automáticamente atacado.

¡Qué vergüenza!

El “divide y vencerás” le está funcionando perfectamente al régimen.

Les digo, no existe nada más peligroso para las dictaduras que tener enfrente un pensamiento racional, estratégico, inteligente y moderado. Los regímenes de fuerza le tienen terror a la unidad de la oposición y por ello cultivan la intolerancia, y esta viene dada por el extremismo, allí la polarización (“si no estás conmigo, estás contra mí”). Hoy no sólo aplicada desde el poder hacia la sociedad venezolana, sino también actitud asumida dentro de la misma oposición.

Por alguna razón, la división social le funciona perfectamente al chavismo.

Puedo decir también con absoluta propiedad que no éramos así, el chavismo ha sacado lo peor de nosotros.

Tengo un amigo que dice: “no se enamoren de políticos”, en referencia a no seguir a ciegas a ninguno de ellos, y tiene razón, pero tampoco es aconsejable odiar a nadie en política, ya que ofusca, revuelve pasiones y así no se puede pensar con claridad, con la mayor objetividad posible.

Siento lastima hoy por chavistas y opositores que reaccionan guiados por la rabia inducida, por los que se dejan llevar por “el plan”, por el que ataca únicamente basado en su pasión, por un criterio sin razonamiento sin más argumento del “yo creo” “yo pienso” “no me gusta” “yo quiero”.

Los radicalismos matan ideas. El extremista cada día se empeña más en tener razón a costa de lo que sea. El intransigente pretende imponerse a través del insulto, atropellando, ¡se vuelve bruto, pues!.

Repito, las dictaduras le tienen pánico a la moderación y a la unidad. Pruebas de esto las hay muchas en Venezuela.

Aprendamos.

Debo aclarar que la intolerancia no está arraigada en el sentir del país; está principalmente en aquellos que se creen conocedores de la única verdad, y estos no son la mayoría, pero igual indigna.

Allí les dejo eso!

Nota: Al momento de escribir estas líneas ya tenemos cuatro medallas en las Olimpiadas de Tokio (Yulimar, Julio, Daniel y Keydomar)

Gracias a todos los que luchan, participan y nos representan.

 

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