La Verdad misma: por Arnaldo García Pérez

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“Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”

Joseph Goebbels.

Las palabras tienen poder. Por medio de ellas estamos en la capacidad de influir en las personas y hacer que se produzcan conductas acorde con la intencionalidad pretendida. A través de las palabras podemos producir cambios importantes. Ellas pueden motivar, estimular y provocar cambios positivos, o por el contrario, desmotivar, erosionar y deteriorar el espíritu de la gente, dependiendo de nuestra intención.

Pero las palabras tienen sus dificultades, dependiendo de las personas que las expresen. Cuando estos discursos o mensajes vienen de una persona mentirosa, el camino al entendimiento se hace tortuoso y difícil de transitar, ya que la línea divisoria entre realidad y fantasía es tenue y difícil de detectar. Existe una definición clínica para aquellas personas que frecuentemente mienten. Su nombre es mitomanía y es un trastorno definido como la tendencia o inclinación patológica a fabular o transformar la realidad al explicar o narrar un hecho. También se define como la tendencia a mitificar a una persona, una cosa o un suceso determinado. Es una perturbación frecuente que podemos encontrar en personas a nuestro alrededor. Inicialmente es difícil de detectar y estas personas nos enamoran con su personalidad. Son definidas como encantadoras por las características de aventura y misterio de sus historias y protagonismos y somos capaces de defenderlos ante cualquiera que niega su realidad, porque lo creemos todo. El problema se presenta al transcurrir el tiempo y la relación, cuando comenzamos a evidenciar diferentes versiones de la misma historia y el no poder manejar las mentiras se les hace complicado y comienzan las distorsiones que desenmascaran sus realidades. Al llegar a este punto, la credibilidad de nuestro comentado protagonista comienza a caer en picada y se convierte en solo una mala referencia para nosotros, a quien nos costará mucho en lo adelante, reconocer la veracidad de cualquiera de sus historias. Allí, la mentira se transforma en inocua.

El problema se presenta cuando la mentira es una estrategia. Cuando la patología es la sumatoria de una diversidad de enfermedades y trastornos mentales y todos se juntan en gente inescrupulosa con un plan elaborado para mantener el control o su poder. Cuando cuentas con recursos tecnológicos y financieros para hacer de tu mensaje algo masivo y creíble. Allí, además de malicia, hay planificación y estrategia para alcanzar sus objetivos. Es cuando aparecen los famosos laboratorios de comunicación que van hilando palabra por palabra para que sus mensajes sean portadores del veneno adecuado y en las dosis respectivas para inocular a la mayor cantidad de personas, créanse estas inteligentes, opositores al mensaje o indiferentes ante él. Todos caerán de alguna manera afectados por esta realidad imaginaria y será casi imposible salir de ella.

La historia de la humanidad nos nutre con muchos ejemplos de naciones que han sucumbido a estas estrategias maliciosas: muchos países se han embaucado en regímenes dictatoriales bajo una falsa promesa de igualdad y libertad, otros han iniciado campañas políticas soportadas sobre la mentira, dándole poder a candidatos sin calificaciones para representar y dignificar a sus pueblos, otros estados viven sumergidos en una pobreza crítica bajo la esperanza de que pronto se eliminan los bloqueos que los limitan y así,  muchas personas, por todo el mundo, son víctimas apacibles de una estrategia que convierte la mentira en una realidad y a la realidad en una utopía.

Pero no todo está perdido. La fórmula para combatir la mentira es tan sencilla como la verdad misma. Debemos invitar a nuestros líderes genuinos a no caer en la tentación del engaño y las ofertas sin futuro y conversar con la verdad y la realidad como el mejor argumento de acercamiento. Necesitamos creer en nuestras posibilidades bajo una premisa de auténticas posibilidades. Somos y seremos capaces de cambiar nuestro presente y futuro sobre la base de la verdad.

Las mentiras solo se combaten con verdades.

Saludos

Arnaldo García Pérez

@arnaldogarciap

Arnaldogarciap.blogspot.com

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