Digno como un rey por Arnaldo García Pérez

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En unas sesiones de meditación dirigidas en audio que estoy practicando, nos invitan a mantener, con el ideal de enviar mensajes positivos a nuestro cerebro y alcanzar una relajación adecuada, una postura digna. Específicamente, el ejercicio nos invita a imaginar que somos Reyes y como tales, estamos sentados en un trono … ¡Con todo y corona en la cabeza! Un porte sobrio, estable, donde tú columna se mantenga derecha, pero a la vez relajada y cómoda. Debes imaginar tu mejor escenario y lo más importante, mantener ese porte en tus pensamientos, así cambies de atmósferas.

Reflexionando luego sobre esta experiencia, el concepto de dignidad comenzó a rondar en la cabeza, ya que, como tal, tiene un valor fundamental en el condicionamiento que podemos hacer de nosotros mismos. Sentirme digno significa, en pocas palabras, sentirme valorado, en primer lugar, por mí mismo y luego como una condición normal de mis relaciones de vida.

Según Wikipedia, “La dignidad, o «cualidad de digno» (del latín, grandeza»), hace referencia al valor inherente del ser humano por el simple hecho de serlo, en cuanto ser racional, dotado de libertad. No se trata de una cualidad otorgada por alguien, sino consustancial al ser humano. No depende de ningún tipo de condicionamiento ni de diferencias étnicas, de sexo, de condición social o cualquier otro tipo”. Esto quiere decir que en términos generales TODOS somos merecedores de la cualidad de ser dignos. Pero la gran pregunta que podríamos hacernos es, ¿dignos a qué? Y aquí entran en juego una serie de valores y sentimientos que parece que, en muchos lugares del mundo y a lo largo de la historia, han sido olvidados o manipulados por mera conveniencia. Somos dignos a ser libres, a ser merecedores de respeto, y a actuar de acuerdo a nuestra conveniencia a través de nuestro libre albedrío. Al reconocer y tolerar las diferencias de cada persona, para que ésta se sienta digna y libre, se afirma la virtud y la propia dignidad del individuo, fundamentado en el respeto a cualquier otro ser. Se trata de una cualidad totalmente individual, de cada persona.

Según la declaración de los Derechos Humanos, redactada después de la segunda guerra mundial, la dignidad es una condición de todos y un derecho irrenunciable. Esta declaración que ha sido refrendada por todas las naciones, nos indica que todos los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derecho. Quiere decir esto que la dignidad ni la confiere ni la elimina ningún ser sobre otro, por más poderoso que sea en el marco económico, social o político. Todos somos dignos, libres y merecedores de respeto.

Nuestra historia está plagada de ejemplos indignos de estas condiciones, cuando unos han tratado de imponerse a otros a través de desmerecer o descalificar su condición humana, háblese de esclavismo, o las atrocidades del nazismo en contra de los judíos. En todos esos casos existe un interés marcado en descalificar al hombre e infravalorar su condición.

Debemos reforzar y manejar nuestra dignidad, ya que esto nos ayuda a esgrimir un adecuado equilibrio en nuestra personalidad, trabajando en un balance adecuado entre la humildad y la vanidad. Si lo trabajamos adecuadamente, reforzamos nuestra personalidad viviendo una sensación de plenitud y satisfacción, sin embargo, si manejamos la dignidad en exceso podemos fomentar un falso orgullo que nos hace creernos merecedores de privilegios o prebendas diferenciadoras.

Un elemento adicional que también me enseñó este ejercicio de meditación es que, si al adoptar esa postura de dignidad, adicionalmente sonríes durante un minuto, independientemente de tu condición, los nervios de la cara le dicen a tu cerebro que estas feliz y el cerebro emite mayor dopamina y esta nos permite inhibir la reacción de huida y lucha (o ansiedad que todos vivimos) y así podemos estar más atentos a los momentos presentes y ser más felices y productivos.

No dejemos que nadie nos robe nuestra dignidad. Podemos estar pasando por momentos duros y problemáticos motivados por condiciones externas a nosotros, que nos hacen entristecernos y creernos poco merecedores y limitados, sin embargo, nada de lo que nos ocurre debe afectar nuestra dignidad y la creencia en que tenemos una valía única. La vida gira y en sus vueltas encontraremos momentos buenos y malos. No le des poder a nadie ni a nada sobre ti.

Comportémonos dignos como un rey.

Saludos

Arnaldo García Pérez

@arnaldogarciap

www.arnaldogarciap.blogspot.com

 

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