El poder de mi ser por Arnaldo García Pérez

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“Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: – ¿Qué haces Guno, tu ciego, con una lámpara en la mano? Si tu no ves. Entonces, el ciego le responde: – Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi… No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan servirse de ella. Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite” … (P. Juan Pablo Esquivel – Aciprensa)

Nuestra misión de vida es trascender. Venimos a este mundo con un propósito concreto, aunque muchos de nosotros no lo identificamos hasta bien entrada la madurez. Nuestros actos, por más insignificantes que nos parezcan impactan en otros y tienen el poder de cambiar vidas, tanto para bien como para mal. Haciendo una pequeña retrospección de nuestra existencia, encontraremos personas, eventos y circunstancias que nos marcaron definitivamente. En primera instancia en este reparto de novela de vida, nos encontramos con la familia. Nuestros padres, abuelos, tíos y otros personajes cercanos ejercen esa primera influencia sustancial. Asimilamos sin darnos cuenta de ese aprendizaje y, luego con los años, nos vamos percatando que, en situaciones particulares, asumimos comportamientos y respuestas que vimos en otros en el pasado. Allí se evidencia el poder de la influencia. Nuestro ser está en capacidad de percibir y seleccionar conductas que, gracias a esos modelos del pasado, podemos o no desempeñar en el futuro. Somos, para muchos de nuestros allegados y en ocasiones para extraños, por nuestro nivel relacional, modeladores de referencia y escultores de personalidades.

Por ello, es fundamental estar conscientes del poder que tenemos sobre otras personas. No hablamos de un poder de dominación, que lo hay y en muchos casos son negativos, hablamos de un poder subliminal y activo que viene atado a nuestras acciones y comportamientos. Enseñamos desde el modelaje y nuestro círculo aprende en él, lo positivo y negativo. Como dinámica en algunos talleres invito a pensar en alguna persona que nos haya impactado positivamente y siempre como respuesta, encontramos muchos que lo han hecho. Seguidamente los invito a revisar también aquellas personas que nos hayan impactado negativamente y, con toda naturalidad, aparecen en nuestra mente personajes relacionados con nuestra familia, trabajo y amigos que, con su comportamiento o experiencias, nos han dejado una impresión negativa. Todos han trascendido, la diferencia está en lo positivo a negativo de esa influencia.

El mundo necesita en estos momentos mucha influencia y modelaje positivo. Tenemos la obligación moral de enfocarnos en el poder de nuestro influjo y comportarnos con principios cívicos y morales de altura. Debemos frenar el influjo negativo de los antivalores y la descalificación con el concurso de un comportamiento ejemplar, modelar conductas ante niños y jóvenes que puedan ser replicadas en el futuro. Son momentos de Solidaridad, Cooperación, Trabajo en equipo y Hermandad. No solo en nuestro círculo íntimo y directo. Debemos abrirnos a las comunidades y comenzar a dar, a través de nuestras conductas positivas, ese modelaje adecuado de humanidad. No es una tarea solo de líderes religiosos o políticos. Todos podemos impactar con conductas por más insignificantes que nos parezcan. El mundo será un mejor hogar para todos, si reconocemos nuestro poder y lo ejercemos con civilidad.

En este nuevo año que comienza, les deseo la mayor de las bendiciones para su familia y que entre todos podamos ejercer el cambio positivo que nuestras sociedades necesitan. Les dejo de regalo el poema de Marianne Williamson, declamado por Nelson Mandela en su juramentación como presidente de Suráfrica : Nuestro Miedo más profundo.

Feliz año 2.022 para todos¡¡

Saludos

Arnaldo García Pérez

@arnaldogarciap

www.arnaldogarciap.blogspot.com

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