A medida que la economía de China se tambalea, tenga cuidado con lo que desea por Clark Packard

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Cada vez es más claro que la economía de China se enfrenta a importantes vientos en contra. La mayor parte de esto es obra de Beijing. Una política draconiana de cero COVID-19 ha bloqueado franjas de la economía, ha afectado gravemente el gasto de los consumidores y ha reducido la producción de las fábricas. La regulación agresiva del sector tecnológico, impulsada por la retirada del presidente chino Xi Jinping de la empresa privada y la adopción del socialismo maoísta, ha paralizado una industria que alguna vez fue dinámica. Una burbuja de deuda en el demasiado inflado sector inmobiliario del país ha provocado desplomes espectaculares, incluido el incumplimiento de Evergrande, un gigantesco promotor inmobiliario. Mientras tanto, la invasión de Rusia a Ucrania está elevando los precios mundiales de los alimentos, la energía y otros productos básicos importados por China. Por todas estas razones, el Fondo Monetario Internacional recientemente redujo su pronóstico de crecimiento económico de China a 4,4% este año, anémico para los estándares chinos anteriores. Bloomberg Economics predice tan solo un 2% y espera que EE.UU. crezca más rápido que China por primera vez desde 1976.

Combine estas recientes tendencias con vientos en contra a más largo plazo, como la desaceleración del crecimiento de la productividad, el declive demográfico y una continua fuga de cerebros entre los trabajadores y empresarios de la tecnología, y queda más claro que China no es el gigante económico que muchos en Occidente creen que es. En el contexto de una mayor competencia geopolítica, eso ha llevado a mucha celebración por el mal ajeno, alegría y un triunfalismo explícito en Occidente. Ahora, “EE.UU. puede dar forma al colapso de China tal como lo hizo con la Unión Soviética”, argumentó Robert Wilkie, secretario de asuntos de veteranos durante la administración Trump, a fines del año pasado.

No obstante, esperar un colapso económico en China sería muy imprudente.

Primero, las recesiones perjudican al promedio de las personas. Aunque el Partido Comunista Chino se está volviendo cada vez más totalitario en casa y revisionista en el extranjero, hay más de 1.300 millones de chinos que no tienen conexión con el partido. Ellos soportarán la peor parte del tumulto económico de China, al igual que los estadounidenses de bajos ingresos y las personas menos acomodadas en todo el mundo. Todos ellos quedarán atrapados en las consecuencias cuando la segunda economía más grande del mundo se tambalee.

Desde el comienzo de la liberalización económica de Beijing a fines de la década de 1970, se estima que alrededor de 800 millones de chinos han salido de la pobreza extrema. A pesar del preocupante giro de Beijing hacia el antiliberalismo, la reducción masiva de la pobreza en China sigue siendo una de las historias de éxito humanitario más importantes del mundo. Una recesión –ya sea por Xi y el partido tomando el control de la economía u otras causas– perjudicará a los ciudadanos chinos de ingreso promedio. En un intento por suavizar el golpe, China ya está planeando inyectar $5.3 billones (“trillions” en inglés) en su economía –aproximadamente un tercio del tamaño de su economía en general– a través de medidas fiscales y monterías este año. Estos incluyen un aumento de los préstamos a las pequeñas empresas, recortes en impuestos y tarifas administrativas, y compras de consumo subsidiadas.

En los EE.UU., los estadounidenses promedio están en riesgo dado el alto grado de integración económica entre los dos países. Los estadounidenses continúan consumiendo productos de China a un ritmo récord, a pesar de los aranceles más altos impuestos como parte de la guerra comercial entre EE.UU. y China. Con la inflación de EE.UU. en aumento y China siendo crucial en las cadenas de suministro de las empresas de EE.UU., la desaceleración en la fabricación china debido a las políticas pandémicas de Beijing ejercerá una presión aún mayor sobre los precios en EE.UU., afectando a los consumidores estadounidenses y a las empresas que ya están luchando por hacer frente al resurgimiento de la inflación. Mientras tanto, la economía de EE.UU. se contrajo en el primer trimestre de 2022, y los economistas predicen cada vez más una recesión en EE.UU. dentro del próximo año, incluso sin el golpe adicional de una implosión china.

China también es un mercado extranjero importante para los bienes y servicios de EE.UU., superado solo por Canadá y México. Una economía china en desaceleración significa una disminución en la demanda de productos estadounidenses –incluidos automóviles, maquinaria eléctrica, equipos médicos y combustible– lo que perjudica a las empresas y trabajadores estadounidenses que dependen de la exportación a China.

Finalmente, el Partido Comunista Chino obtiene gran parte de su legitimidad de seguir haciendo crecer la economía y elevando el nivel de vida del país. Si una recesión económica significativa amenaza con debilitar el poder del partido, un resultado probable sería una política exterior nacionalista aún más agresiva. No hay nada como un poco de patrioterismo y guerra para desviar la atención de los problemas domésticos. Sí, una China económicamente más débil enfrentaría compensaciones más duras entre el gasto militar y otros objetivos. Pero no hay garantía de que Beijing no duplique su agresiva postura exterior y, en cambio, se endurezca en otros lugares.

Con una gran guerra terrestre importante en Europa, el debilitamiento de la economía de EE.UU. y los problemas cada vez más visibles de China, el riesgo de una recesión mundial está aumentando. Como nos recordó recientemente el economista de la Universidad de Harvard, Kenneth Rogoff, “un colapso en una región aumentará las probabilidades de colapso en las demás”.

Para ser claros, las prácticas económicas de Beijing plantean desafíos importantes que deben abordarse, ya sea la competencia desleal con las economías occidentales orientadas al mercado o el debilitamiento sistemático del sistema de comercio basado en reglas por parte de China. Pero la forma de obligar a China a desempeñar un papel más constructivo en la economía global es abordar estos problemas de frente, no esperando que su economía se derrumbe. Una recesión significativa en China podría tener consecuencias graves e imprevistas para el resto del mundo, así que tenga cuidado con lo que desea.

 

Publicado por elcato.org

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