El temor al vacío en un fútbol moderno que ya no fabrica arte: ¿habrá magia después de Messi? por Roberto Parrottino

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La era futbolística de Lionel Messi (34 años) y Cristiano Ronaldo (37), dueños de los Balón de Oro entre 2008 y 2021 –siete para el argentino, cinco para el portugués–, se cerrará definitivamente en el Mundial de Qatar 2022. Nunca antes en la historia del fútbol dos jugadores habían dominado el juego durante más de una década. Fueron reyes. Messi, rey mago, entró en el altar de Alfredo Di Stéfano, Pelé, Johan Cruyff y Diego Maradona. Cristiano “superó” a Pelé y se convirtió en el máximo goleador de todos los tiempos, según los números de la FIFA. La industria del fútbol moderno fabrica estrellas. Pero no crea arte ni hace magia. El francés Kylian Mbappé (23 años) y el noruego Erling Haaland (21) –recién contratado por Manchester City– representan futbolistas más físicos y atléticos –menos totales– que Messi. Los príncipes herederos al trono de mejor futbolista del mundo son hijos del fútbol Big Data. Mbappé y Haaland, la gacela y el androide, el encanto y el miedo, garantizan el espectáculo. Pero el talento no se mide ni se pesa. Tampoco la genialidad. “El próximo Messi será más parecido a Cristiano Ronaldo que a Messi –dijo Jorge Valdano–, más superhombre físico, más competitivo, igual de héroe, pero con un corte futbolístico distinto”.

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Detrás de Haaland (1,01) y Mbappé (0,79) se ubica Lautaro Martínez (0,76) como el Sub 24 con mejor promedio de gol en las cinco ligas top de Europa en la temporada. Lautaro es el Toro. Y son estadísticas. Después de Messi –y Neymar, 30 años, también en retirada– no hay sudamericanos que se encaminen a sus alturas. Mbappé fue el líder futbolístico de París Saint-Germain, el equipo de Messi y Neymar. “Es verdad que se acaba la magia. También que un jugador como Messi aparece en el universo del fútbol cada muchos años. Nunca hubo una sucesión. Hubo siempre paréntesis, como entre Cruyff y Maradona. Y todavía no se vislumbra un jugador con esa capacidad para enamorarnos, no desde las cifras, los goles y las carreras de 40 metros, sino desde eso que entra por los ojos”, dice Diego Latorre, exfutbolista, actual comentarista de fútbol. “Paradójicamente, se está jugando mejor al fútbol, con equipos que juegan muy bien sin grandes cracks. Los Haaland y Mbappé son excepciones en posiciones definidas, y en el mundo en el que estamos viviendo, que es el de récords y estadísticas”.

Creado en 1956 por la revista France Football, Maradona nunca ganó el Balón de Oro porque el premio era exclusivo para los europeos. Pero levantó la Copa del Mundo en México 86. Desde que el Balón de Oro se abrió al resto del mundo, cuatro sudamericanos –brasileños– lo ganaron antes que Messi: Ronaldo (1997 y 2002), Rivaldo (1999), Ronaldinho (2005) y Kaká (2007). En el país do futebol se agotó la esperanza en Neymar. Esperan que pueda ayudar a Brasil a conseguir el hexacampeonato en Qatar, acaso también su último Mundial. “Incluso Kaká, el último brasileño elegido mejor del mundo, no era un jugador tan genial, sino que se destacaba por su físico, su forma, su aplicación táctica en el Milan, muy lejos del talento natural de Ronaldo o Ronaldinho”, señala Breiller Pires, periodista brasileño. “Ya pasaron 15 años sin un brasileño en la cima. Es mucho tiempo para Brasil, acostumbrado a los fuera de serie. Ahora tenemos una generación de jóvenes con mucho talento, pero nos hacen falta protagonistas con chispa. No hay un talento sobrenatural. Vinicius y Rodrygo, al Real Madrid, y Antony, al Ajax, emigraron muy jóvenes. Pero llegar a ser el mejor jugador del mundo es un paso muy grande. Generan mucha expectativa pero no vemos en ellos fenómenos, como Haaland y Mbappé”. Pedri –español, 19 años, en Barcelona– y Phil Foden –inglés, 21 años, en Manchester City– piden pista en la carrera. Pero cargan con el mismo “lastre”: no son delanteros, goleadores, y el fútbol tiende a los números.

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Mbappé –diestro, fino y desequilibrante en los mano a mano– ya salió campeón del mundo con Francia, en Rusia 2018. Haaland –zurdo, más potente y astuto en el área– se ausentará con Noruega en Qatar. Mbappé y Haaland superan a Messi y Cristiano en cantidad de partidos, goles y asistencias en la temporada 2021/2022 que se acerca a su cierre. “Ni Messi ni Cristiano muchas veces consiguen marcar la diferencia. Es la transición hacia Mbappé y Haaland, el futuro está en sus cabezas y pies”, dice Walter Casagrande, exfutbolista brasileño, comentarista de fútbol en TV Globo. “Lo que cambió en el fútbol es la intensidad del juego –suma Casagrande–. Y los que no se pueden adaptar, se quedan atrás. Es un poco lo que les está pasando a Messi, Cristiano y Neymar. Pero no hay nada nuevo en el fútbol: la modernidad, como se dice, está en la intensidad y la agresividad del juego, que aumenta cada cierto tiempo”. Latorre agrega que la velocidad supersónica y la alta intensidad no solucionan los conflictos en espacios estrechos del fútbol. Que ahí juegan la pausa y el ingenio. “Mbappé y Haaland pueden terminar, redondear. Pero no producir, como los genios creativos. La salida de Messi deja un vacío, porque la magia es lo que conquista y mueve a la gran audiencia”.

 

En Francia creen que Mbappé puede imponerse como el mejor futbolista del mundo durante los próximos años. Y marcan que creció no solo en la cancha –más pases, más masa muscular, mejor lectura de juego, mejor cabezazo, mejor toque asociado–, sino también como líder. Mbappé se negó este año a participar en publicidades de marcas de la Federación Francesa ya que, dijo, no representan sus valores, como Coca Cola, KFC –comida rápida– y Betclic –casa de apuestas–. Inspirado en la comunicación de LeBron James, a quien conoció gracias a Nike, y apoyado en Fayza Lamari, su madre y representante –hija de argelinos, exjugadora de handball, licenciada en Educación–, Mbappé siente una responsabilidad fuera de la cancha. “Ella le transmitió el carácter fuerte y la seriedad –cuenta Georges Quirino, periodista francés–. Mbappé sabe hacia dónde va y lo que quiere como futbolista, como hombre, como personaje público. Habla inglés, español. Habla de los problemas sociales en los barrios marginales, en las banlieues. En eso es muy distinto a Haaland. Hasta se dice que el presidente Macron hace cosas para que se quede en Francia y no se vaya al Real Madrid. Puede ser un personaje más central en el fútbol”. Nacido en el suburbio parisino de Bondy, Mbappé es un producto del fútbol callejero. De canchas públicas, de cemento o pasto sintético, en medio de complejos de edificios. Los formadores lo obligaron a gambetear, no solo a tirar caños y sombreritos. Dribbling, improvisación, más destreza y agilidad.

 

En Noruega, en cambio, dicen que Haaland es más popular fuera del país. Muchos se sorprendieron cuando ganó el premio Golden Boy 2020. Ya jugaba en Borussia Dortmund. Haaland nació en Leeds, Inglaterra, cuando su padre, Alfie, jugaba en el club de la ciudad en 2000, antes de que pasara a Manchester City, ahora nuevo equipo de su hijo. Pero se crió en Bryne, suroeste de Noruega, un paraje rural de 12 mil personas, chanchos y campos de papa. Su padre había regresado después de que lo retirara una famosa patada de Roy Keane en un clásico de Manchester. “Haaland puede ser un delantero top, el próximo Cristiano. Simboliza la potencia física y ese estilo de juego muy directo. Y parece tener hambre a pesar de ser un joven noruego de clase media, una mentalidad competitiva superior”, dice Viggo Strømme, exfutbolista noruego. El año pasado, en pleno boicot de la selección de Noruega a Qatar 2022 por violaciones a los Derechos Humanos, Haaland subió una foto a Instagram con la camiseta amarilla de Boca. En el centro, una publicidad: “Qatar Airways”. “Lo tildaron de tonto y egoísta –cuenta Frode Lia, periodista noruego–. Es más una estrella influencer, lejos de los jugadores noruegos que salen y siguen conectados a su tierra, o que tienen posiciones más firmes en temas ambientales. Haaland creció 6 centímetros y aumentó 20 kilos desde 2018, y tiene habilidades de finalización, pero muchos cuestionan su técnica y que es muy propenso a las lesiones”.

 

 

Ni Messi, ni Cristiano, ni Mbappé ni Haaland, sin embargo, son candidatos al Balón de Oro 2022, que premiará al mejor futbolista de la temporada –de julio a junio–, no de 2022. Es el año del Mundial de Qatar y, sabemos, se jugará entre noviembre y diciembre. Quizá suene extraño: el mejor futbolista del mundo es hoy Karim Benzema, a los 34 años más que probable ganador del Balón de Oro, con la final de Champions por delante entre su Real Madrid y Liverpool. Hay debates en la TV francesa que se preguntan si es el mejor delantero de la historia de Francia. Y los más fanáticos vaticinan que, de ganar el Mundial, alcanzará a Zinedine Zidane, último francés Balón de Oro, en 1998. De vuelta en la selección tras un conflicto interno, hasta dejó de ser discriminado por ser hijo de argelinos. Odio. Amor. Pero Benzema es sinónimo de inteligencia en el juego. No corre rápido. “Yo –dijo Benzema ante las críticas por falta de gol– juego para la gente que le gusta el fútbol, que sabe mucho de fútbol”.

 

Publicado por www.tiempoar.com.ar

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