La guerra global contra el aire acondicionado por Ben Lieberman

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Ben Lieberman sostiene que al igual que gran parte de la agenda climática internacional, las restricciones para los aires acondicionados prometen más perjuicios económicos que beneficios ambientales.

 

 

Si el aire acondicionado fuera un avance médico, sus desarrolladores probablemente habrían recibido premios Nobel por las muchas vidas que ha salvado y mejorado. Aunque en gran parte es un fenómeno del primer mundo, el aire acondicionado está incursionando con retraso en las sociedades menos prósperas. Esto incluye a los miles de millones de personas que viven en regiones tropicales que se beneficiarían más del aire acondicionado, pero donde la penetración del mercado es inferior al 10% de los hogares. Varios estudios proyectan que el mundo podría tener miles de millones más de aires acondicionados en uso para 2050.

 

A pesar de los beneficios para la salud pública del aire acondicionado, su adopción ampliada no se acepta universalmente como una buena noticia. Los críticos se centran principalmente en las externalidades negativas de un mundo con más aires acondicionados, principalmente los aumentos en el consumo de electricidad y las emisiones de gases de efecto invernadero correspondientes. Por esta razón, las Naciones Unidas, el Banco Mundial, la Agencia Internacional de Energía y muchas organizaciones no gubernamentales (ONG) defienden una agenda que es, en el mejor de los casos, ambivalente sobre el aumento de los aires acondicionados.

 

Los beneficios del aire acondicionado – la experiencia estadounidense

 

EE.UU. fue la primera nación en tener muchos aires acondicionados y, por lo tanto, proporciona la mejor evidencia de sus beneficios. Antes del aire acondicionado, las tasas de mortalidad en gran parte de EE.UU. aumentaban considerablemente con las temperaturas del verano, pero esta tendencia ha sido eliminada en gran medida por la penetración de mercado de 90% del aire acondicionado en las residencias estadounidenses. En el estudio más completo sobre el aire acondicionado y la salud pública hasta la fecha, “Adaptación al cambio climático: la notable disminución de la relación temperatura-mortalidad en EE.UU. durante el siglo XX”, Barreca et al. encontraron beneficios sustanciales en la mortalidad, especialmente entre los ancianos. Bajo un conjunto de suposiciones, el estudio encontró que el aire acondicionado generalizado ha evitado 18.000 muertes anuales relacionadas con el calor en EE.UU.

 

La calidad de vida también se ve afectada positivamente por el aire acondicionado. El aprendizaje mejora sustancialmente cuando las aulas tienen aire acondicionado en los días calurosos. Del mismo modo, el aire acondicionado en el lugar de trabajo mejora la productividad.

 

A nivel global, los beneficios potenciales podrían ser de un orden de magnitud mayor que los experimentados en EE.UU., especialmente considerando las poblaciones casi 10 veces más grandes que viven donde los veranos son más intensos que en la mayor parte de EE.UU., pero donde las casas y los edificios con aire acondicionado siguen siendo la excepción. Lee Kuan Yew, ampliamente considerado como el fundador del Singapur moderno –una de las relativamente pocas naciones completamente tropicales donde el aire acondicionado es común– citó el aire acondicionado como el mayor contribuyente individual a su éxito en relación con otros países que tienen que lidiar con una temperatura y humedad relativamente altas.

 

Vale la pena aclarar que la creciente demanda de aire acondicionado se debe abrumadoramente a las temperaturas normales de verano que se experimentan en las regiones tropicales y semi-tropicales donde el aire acondicionado aún no se ha afianzado. No es, como han sugerido muchos comentaristas, la demanda causada por los aumentos de temperatura inducidos por el cambio climático.

 

Los dos impedimentos principales para un mundo con más aire acondicionado –la falta de acceso a la electricidad y la incapacidad de costear un acondicionador de aire – finalmente están retrocediendo. El mundo finalmente ha llegado al punto de estar electrificado en casi un 90%, y continúa la lenta marcha hacia la electrificación total. Al mismo tiempo, los ingresos familiares promedio en los países en desarrollo están aumentando hasta el punto en que un número cada vez mayor de personas puede pagar su primer acondicionador de aire.

 

Por lo tanto, el mundo se encuentra en la cúspide de la disponibilidad generalizada de aire acondicionado para quienes más lo necesitan. Sin embargo, a pesar de los beneficios potenciales de esta transformación global, lograrla está lejos de ser una prioridad para la comunidad internacional. El cambio climático sí lo es y, en este contexto, el crecimiento del aire acondicionado se ve más como un problema que como una solución.

 

Los riegos percibidos de un mundo con aire acondicionado

 

Algunas de las proyecciones más citadas provienen de “El futuro de la refrigeración: oportunidades para el aire acondicionado con eficiencia energética”, publicado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en 2018. Según la AIE, “de los 2.800 millones de personas que viven en las partes más calurosas del mundo, solo el 8% posee aire acondicionado actualmente”. La agencia predice que esta necesidad actualmente insatisfecha resultará en el uso de 4 mil millones de aires acondicionados adicionales para 2050, con China e India representando casi la mitad de ese número. Se espera que el uso global de energía de la refrigeración de espacios se triplique de 2.020 teravatios-hora en 2016 a 6.200 teravatios-hora en 2050, según los supuestos de referencia de la AIE. Además, dado que el uso de aire acondicionado durante las épocas más calurosas de los días de verano define la demanda máxima, la AIE proyecta que la necesidad de capacidad de generación de electricidad aumentará un 395% para 2050. Lo más preocupante para la AIE es la casi duplicación prevista de las emisiones de gases de efecto invernadero atribuibles a refrigeración de espacios, que aumentará desde de 1.135 millones de toneladas en 2016 a 2.070 millones de toneladas en 2050.

 

La agencia concluye advirtiendo que “los gobiernos de los países con una demanda de refrigeración grande o potencialmente grande deben tomar medidas urgentes para frenar el crecimiento en el uso de energía para ese propósito y limitar los costos económicos y ambientales potencialmente grandes que se derivarían”.

 

Tanto las Naciones Unidas como el Banco Mundial coinciden en gran medida con las proyecciones de la AIE. También están de acuerdo con la prescripción política principal –mejoras obligatorias en la eficiencia energética de los aires acondicionados. De hecho, ha surgido una considerable burocracia internacional en torno a este tema, que involucra a estas organizaciones, así como a gobiernos nacionales, ONGs y benefactores privados. Según la AIE, los estrictos estándares de eficiencia para los aires acondicionados, junto con la descarbonización agresiva de la generación de electricidad, no solo podrían evitar el aumento proyectado en las emisiones de gases de efecto invernadero por el enfriamiento, sino también reducirlo por debajo de los niveles de referencia a solo 150 millones de toneladas en 2050. La AIE atribuye la mitad de las reducciones de emisiones a aires acondicionados más eficientes.

 

Las ventajas y desventajas de los mandatos de eficiencia del aire acondicionado

 

La experiencia estadounidense vuelve a ser ilustrativa. Durante décadas, el Departamento de Energía de EE.UU. (DOE) ha establecido y reforzado periódicamente los estándares de eficiencia energética para todo tipo de aires acondicionados, desde unidades de ventana hasta sistemas centrales. Estos estándares de eficiencia aumentan el precio de compra del equipo pero ahorran dinero con el uso. El DOE ha sido criticado por establecer reglamentaciones excesivamente estrictas y, de hecho, la propia agencia admite que algunas normas han aumentado tanto el costo inicial que es posible que los usuarios nunca lo recuperen mediante los costos de electricidad más bajos durante la vida útil del sistema. Otros también han afirmado que el DOE subestima el alcance de las mejoras de eficiencia que ocurrirían en ausencia de regulaciones y por lo tanto exagera los beneficios marginales de las normas arbitrarias.

 

En cualquier caso, el hecho de que el costo adicional de un acondicionador de aire de alta eficiencia se recupere o no con el uso no es relevante para quienes quedan fuera del mercado de consumidores del sistema para empezar. Miles de millones de personas en países en desarrollo finalmente se acercan al punto en el que pueden pagar su primer acondicionador de aire, pero apenas.  Cualquier aumento no trivial en el precio de compra podría poner los aires acondicionados fuera del alcance de cientos de millones de hogares.

 

Por esta razón, un aire acondicionado económico pero menos eficiente puede ser mejor que su contraparte más costosa pero más eficiente. Siempre que las personas puedan adquirir el aire acondicionado, siempre pueden ser juiciosos acerca de su uso –haciéndolo funcionar solo en los momentos más calurosos y no siempre en la configuración más alta, etc. Pero aquellos que no pueden pagar uno en primer lugar son completamente privado de sus beneficios. Mantener bajos los costos iniciales debe ser primordial.

 

Desafortunadamente, los defensores de los mandatos de eficiencia arbitrarios han demostrado una actitud arrogante sobre la capacidad de costear un aire acondicionado. Por ejemplo, el Rocky Mountain Institute y otros patrocinaron un concurso, llamado Global Cooling Prize, que premiaba a los diseñadores de nuevos sistemas ultra eficientes que “contrarrestarían la amenaza climática de los aires acondicionados”. Se estimó que los diseños ganadores tenían un precio de compra de 2 a 3 veces más alto que el de un aire acondicionado convencional. Incluso suponiendo que estos costos se reduzcan con el tiempo, resaltan el riesgo muy real de hacer más daño que bien al privar a muchas personas de aire acondicionado en aras de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, la complejidad tecnológica necesaria para aumentar la eficiencia –especialmente si se lleva al extremo– puede tener un impacto adverso en la confiabilidad y, por lo tanto, aumentar los costos de mantenimiento.

 

Es plausible especular que el verdadero objetivo de los mandatos de eficiencia agresivos es limitar la propagación del aire acondicionado en los países en desarrollo, como sucede con las medidas impuestas por la comunidad internacional que restringen el uso de otras tecnologías como pesticidas y cultivos de bioingeniería. Ya sea deliberado o no, los requisitos de eficiencia del aire acondicionado sin duda aumentarán los costos iniciales e impedirán la penetración en el mercado.

 

La Enmienda de Kigali puede agregar costos adicionales

 

Los activistas del cambio climático no solo se centran en el uso de electricidad de los aires acondicionados, sino que también están preocupados por los refrigerantes que utilizan. Específicamente, los hidrofluorocarbonos (HFCs) surgieron como la clase de refrigerantes que se usaban en la mayoría de los sistemas después de que el Protocolo de Montreal de 1987 sobre sustancias que agotan la capa de ozono impuso restricciones a los refrigerantes anteriores, señalados por agotar la capa de ozono de la tierra. Los hidrofluorocarbonos, aunque inicialmente se consideraron alternativas respetuosas con el ozono, luego fueron atacados como gases de efecto invernadero. Por lo tanto, cualquier refrigerante de este tipo que se escape de los equipos y entre en el aire contribuiría al cambio climático.

 

Si bien es cierto que los HFCs, por molécula, son cientos y, en algunos casos, miles de veces más potentes gases de efecto invernadero que el dióxido de carbono, son del orden de un millón de veces menos comunes en la atmósfera. En general, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE.UU. sitúa su contribución actual al calentamiento antropogénico en un 1,37%.

 

No obstante, en 2016 en Kigali, Ruanda, se modificó el Protocolo de Montreal para imponer restricciones a los HFCs. Si bien aún es demasiado pronto para decir cuál es el impacto de la Enmienda de Kigali en los aires acondicionados, es muy probable que el cambio forzado a refrigerantes menos ideales aumente los costos. Irónicamente, la Enmienda de Kigali también puede tener un impacto adverso en la eficiencia, ya que los HFC serán reemplazados por refrigerantes que pueden resultar menos eficientes en la práctica.

 

Conclusión

 

Gran parte de la agenda climática internacional arriesga más daños económicos que beneficios ambientales, especialmente para las naciones en desarrollo. En la mayoría de los casos, la compensación implica aumentos significativos en el costo de la energía debido a la restricción de los combustibles fósiles a cambio de futuras reducciones de temperatura especulativas y posiblemente intrascendentes. Aquí, la compensación implica aumentos de costos potenciales prohibitivos en los aires acondicionados por la vía de estándares de eficiencia energética, impuestos justo cuando miles de millones de personas más están a punto de comprar su primer aire acondicionado. Es un trato que debe ser rechazado.

 

 

 

www.elcato.org

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