¿Qué está pasando en Irán? Por Yerys M. García

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Mahsa Amini fue tendencia en Twitter. Su muerte ha desatado una ola de protestas violentas y quema de velos en varias localidades de Irán. Mahsa Amini murió luego de varios días en coma tras ser detenida y, según varios testigos, golpeada por la llamada «policía de la moral» iraní. La causa de la detención fue usar su velo de forma «incorrecta». Era una joven de origen kurdo que visitaba la capital con su hermano. Tenía 22 años de edad.

No es la primera vez que esta fuerza del orden detiene de forma violenta a mujeres por no ajustarse al código de vestimenta impuesto en el país. Tampoco son estas las primeras demostraciones de descontento contra el uso obligatorio del hiyab. Desde hace años, grupos ciudadanos en Irán exigen el derecho de las mujeres a no ser discriminadas por el uso de la prenda.

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Muchas personas relacionan la obligatoriedad de usar hiyab con las leyes y la práctica de la religión islámica; pero, en realidad, parece tratarse de una medida política. Sin el velo, según afirmaba el anterior líder supremo de Irán, el ayatollah Khomeini, las mujeres están «desnudas».

EL INICIO DE LAS PROTESTAS

Amini, de etnia kurda y originaria de la ciudad occidental de Saqez, en la provincia del Kurdistán, fue detenida el pasado martes a la salida de una estación de metro en Teherán por la policía religiosa islámica iraní. La acusaron de infringir la ley que establece la manera en que las mujeres deben vestir. Según los informes, la joven fue golpeada en la cabeza con una porra y contra el vehículo.

La alta comisionada interina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Nada al-Nashif, dio validez a los informes que sugieren una muerte violenta. «La trágica muerte de Mahsa Amini y las denuncias de tortura y malos tratos deben ser investigadas con prontitud, imparcialidad y eficacia por una autoridad competente e independiente», declaró.

Sin embargo, la policía informa que la joven sufrió un «fallo cardíaco repentino» y calificó el hecho como «incidente lamentable». Las autoridades también publicaron imágenes de las cámaras de seguridad que mostraban a una mujer que identificaron como Amini desplomándose en el suelo. Al mismo tiempo, insistieron en que la joven había violado el código de vestimenta y en que le pidieron a los familiares de Mahsa que le llevaran «ropa decente».

Organizaciones de defensa de derechos humanos cuestionaron la veracidad del video, al señalar que está editado y no se puede apreciar la identidad de la mujer. Los familiares de Amini también desmintieron las declaraciones del ministro del Interior iraní, Ahmad Vahidi, quien alegó que la joven «aparentemente tenía problemas físicos previos». Amjad Amini, padre de la muchacha, aseguró que su hija se encontraba «en perfecto estado de salud».

Este último episodio de violencia parece profundizar la división entre una gran parte de la joven y vibrante sociedad de Irán y sus gobernantes radicales, lo que desemboca en protestas y frecuentes campañas en redes sociales.

En estas últimas protestas participan centenares de mujeres y hombres, en su mayoría jóvenes, que están en contra del uso obligatorio del hiyab. Sin embargo, a medida que avanzan los días, los gritos de «justicia y libertad» se han radicalizado a «muerte al dictador» (en referencia directa al actual líder supremo, el ayatolá Jamenei). Muchos iraníes, incluidos algunos partidarios del Gobierno, expresan su indignación en las redes sociales por la existencia de las patrullas de orientación de la «policía de la moral», a las que han apodado «patrullas asesinas».

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Varias organizaciones internacionales han denunciado la muerte de alrededor de una decena de personas desde el inicio de las manifestaciones. Pero esta cifra no ha sido confirmada por los medios oficiales iraníes. Similar a como sucedió en Cuba el pasado 11 de julio de 2021, las autoridades no reconocen la legitimidad de las protestas y las asocian con grupos opositores, como los «separatistas kurdos» y personas «críticas al sistema» quienes desean «crear disturbios».

 

EL USO OBLIGATORIO DEL VELO: ¿LEY AUTORITARIA O RELIGIÓN?

La muerte de Amini se produce en medio de crecientes informes sobre actos represivos contra mujeres que incumplen con el código de vestimenta islámico, como arrestos forzosos o la prohibición de ingreso a oficinas gubernamentales y bancos.

Son varios los debates en torno al empoderamiento de la mujer en el islam, sin embargo, el uso del velo es uno de los más polémicos. Las mujeres musulmanas usan el hiyab por varias razones que no solo obedecen a motivos religiosos. Para algunas es un signo distintivo de su identidad cultural, o una forma de confirmar sus valores; pero también los usan por imposición o presión de su entorno.

Defensoras del uso del hiyab como Hajar Samadi, presidenta de la Asociación de Mujeres Musulmanas Bidaya, opina:«hemos asociado la desnudez del cuerpo femenino al progreso y liberación, pero es una liberación desde la mirada masculina. Es una cuestión de conducta, de dignidad, una manera de separar tu esfera privada de un mundo exterior en el que hay gente buena y no tan buena. Muchas jóvenes hoy piensan que el éxito consiste en ser deseables por los hombres, y eso no las beneficia nada».

Mientras, quienes están en contra del uso obligatorio del hiyab aluden, entre otras cuestiones, a que es peligroso sostener la idea de que el velo contribuye al «mantenimiento de la moral y las buenas costumbres sociales y a evitar el vicio»(Corán XXXIII, 59). Este tipo de afirmación puede usarse como justificación de conductas de acoso, y regresa a la idea de que si una mujer no se cubre como debería, el hombre no es culpable por molestarla o incomodarla.

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Pero, ¿qué dice el Corán?

De acuerdo con la doctora, autora y feminista islámica marroquí Asma Lamrabet, el Corán «transmite algunas directrices y orientaciones generales sobre lo que debemos llamar más bien “una ética” y no unas “normas” en relación con el cuerpo. Una ética global de “decencia”, “respeto”, “moderación” y “sobriedad” dirigida tanto a hombres como a mujeres».

Si bien hay dos versículos específicos para las mujeres, estos son también los dos únicos que evocan una ética del vestir, pero sin entrar en detalles específicos. Hoy en día, la ética coránica se reduce a un comportamiento codificado sobre el cuerpo de las mujeres, dirigido solo a ellas (a cómo deben cubrirse, al color y grosor de la tela, la uniformidad del vestido, entre otras cuestiones), dice Lamrabet.

Dentro del islam existen diversas corrientes y, a su vez, distintas escuelas jurídicas en los países de mayoría musulmana. Por tanto, en dependencia de la interpretación más literal o flexible de la ley islámica, serán las consecuencias de la imposición del uso del velo para la mujer.

Además de la interpretación de las escrituras, en la imposición o no del velo inciden otros factores. El enfrentamiento entre Oriente y Occidente, y entre dos ideologías: la modernista y la tradicional islámica. «En la ideología modernista ponerse el velo es estar fuera de la modernidad, mientras que en la visión islámica es echar raíces en el espacio de la identidad islámica, es decir, estar dentro del espacio de la “resistencia” a la occidentalización del mundo. Así, “desvelarse” para los primeros es “modernización” y “emancipación”, mientras que para los segundos es “traición”», dice Lamrabet.

A lo anterior se suman las distintas concepciones que tienen los Estados respecto a los derechos humanos, el papel que debe desempeñar la religión en los ámbitos político, social o económico y la separación entre religión y Estado. También pesa el pasado colonial que los enfrenta a la hegemonía de sus colonizadores. Lo anterior contribuye a la conformación de sistemas más o menos aperturistas en las prácticas sociales y religiosas.

En la actualidad, por tanto, las legislaciones de los Estados musulmanes son las que marcan la diferencia, no el islam. Por esa razón, se pueden encontrar regímenes que reconocen el derecho de la mujer de decidir sobre el uso del velo y otros en los que es obligatorio emplearlo. Por tanto, se trata de decisiones políticas de cada Gobierno.

En Irán, tras la Revolución Islámica de 1979, las autoridades impusieron un código de vestimenta obligatorio que exige que todas las mujeres usen un pañuelo en la cabeza y ropa holgada. La ley se aplica a cualquier mujer, sin importar nacionalidad o religión, que circule por el territorio.

Las máximas autoridades de ese país identifican a las «potencias extranjeras» (occidentales) como la «mano detrás del velo desnudo» que busca promover la «corrupción generalizada de la sociedad islámica».

Para hacer cumplir esta norma existe la llamada «policía de la moral». Estas patrullas religiosas se encargan de garantizar que las mujeres se ajusten a la interpretación de las autoridades sobre lo que es una vestimenta «adecuada». Los agentes tienen el poder de detener a las mujeres e imponer, según su juicio, las normas para «promover la virtud y prevenir el vicio». Los castigos por violar las reglas incluyen desde multas hasta prisión o flagelación.

Irán no es el único país donde se ejerce una fuerza que vigila los valores morales islámicos. También sucede en Arabia Saudita, Sudán y Malasia, entre otros.

Más allá del uso del velo, las mujeres en Irán no pueden llegar a ser jueces o postularse para puestos políticos de primer nivel; su testimonio en las sedes judiciales vale la mitad del de un hombre; no pueden viajar al exterior ni trabajar sin permiso de esposos o padres, entre otras prohibiciones.

 

Publicado por eltoque

 

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