Si Dios quiere por Arnaldo García Pérez

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Con esta máxima universal y general, muchos dejamos nuestra suerte o fortuna a una decisión superior que no depende de nosotros. Y no es que DIOS quiera o deje de querer, sino que pareciera que en su omnipotencia, todo depende absolutamente de él y solo de él y nosotros, como seres inferiores no estamos en capacidad de resolver.

Nosotros como personas, desde el momento de nuestro nacimiento, vamos recibiendo y procesando una serie de informaciones que forjan nuestras creencias y valores. Muchos son los elementos que intervienen en este proceso y desde el hogar, el colegio, los vecinos y la familia, hasta ya entrados en mayoría de edad, con nuestros amigos, profesores, compañeros, parejas y esposos o esposas, vamos recibiendo una serie de informaciones, opiniones o dogmas, que nos forjan la personalidad y nos hacen acreedores de nuestro propio sistema de fe. Todas las personas que nos rodean influencian en nosotros y nos hacen cambiar o reforzar nuestras creencias y valores.

Hasta aquí todo suena bien, mientras esas creencias y valores nos ayuden a desarrollarnos como seres humanos y nos inyecten afirmaciones y opiniones que nos permitan desenvolvernos plenamente. El problema comienza cuando sentimos y creemos que “no se puede”, que no estamos en la capacidad de alcanzar nuestros objetivos o mucho más grave aún, creemos que no lo merecemos. Es allí cuando comienzan a aflorar nuestras creencias limitantes.

Las creencias limitantes son una percepción de la realidad que nos impide crecer y creer. Como su nombre lo indica, nos limita en el desarrollo como personas y nos coarta el alcanzar todas esas cosas que nos hacen ilusión. Estas creencias limitantes muchas veces vienen endosadas en nuestra familia, cuando nos enseñan que hay cosas que simplemente, no están signadas para nosotros. “yo no valgo nada”, “soy demasiado poco para esas personas” “nunca podre alcanzar mis sueños” “tengo mala suerte”, son algunos ejemplos de estas limitaciones que nosotros nos imponemos, tal vez, producto de una experiencia negativa, o del resultado de las experiencias de otros. Muchas otras veces, estas creencias limitantes se producen en sociedad.

Nosotros tenemos la capacidad y voluntad para forjar nuestro futuro. Si bien es cierto que DIOS nos dio la vida y de él se rigen nuestros designios, también es cierto que DIOS nos permite el “Libre Albedrio”. El principio del libre albedrio, como lo recoge Wikipedia, tiene implicaciones religiosas, éticas, psicológicas, jurídicas y científicas y supone que, los individuos pueden ser responsables de sus propias acciones y tienen la elección consciente de tomar sus propias decisiones.

Existen experiencias buenas y malas, pero ninguna de ellas se convierte en una constante o son eternas. Cada uno de nosotros tiene el poder de cambiar su destino y forjar su camino basado en sus creencias y valores. Hoy más que nunca, cuando tratan de cambiar nuestra manera de pensar y nos quitan el aliento con la desesperanza, debemos entender el poder de nuestras decisiones y que somos, como individuos y colectividad, capaces de forjar nuestro destino y mirar con optimismo el futuro. Tenemos el libre albedrio para decidir. No permitas que nadie lo haga por ti.

El futuro no está escrito. Nosotros lo forjamos con nuestras acciones.

Creamos en nuestro poder.

Arnaldo García Pérez

@arnaldogarciap

Arnaldogarciap.blogspot.com

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